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Alcaldía

    Nací en el barrio de Os Mallos, y después de pasar por Martinete y por Eirís, soy ahora vecino de la Gaiteira. Estudié en el Colegio Calasanz de A Coruña, e hice el bachillerato en el Instituto Rafael Puga Ramón. Soy licenciado en Derecho por la Universidad de A Coruña, donde leí también mi tesis de doctorado en el año 2002, con el trabajo titulado "La protección de la víctima en el proceso penitenciario", que se convertiría en 2005 en el primero de los manuales jurídicos de mi autoría. Tras realizar diversas estadías de investigación en Alemania, EUA (por dos veces), Chile y Bélgica, culminé mi carrera académica y profesional accediendo a la plaza de Profesor Titular de Universidad en el año 2012. Entre los años 2012 y 2015 fui Magistrado Suplente de la Audiencia Provincial de Lugo, puesto a lo que renuncié para presentar mi candidatura a la Alcaldía de A Coruña por la Marea Atlántica.

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    • Pedir perdón y seguir adelante

      17 de septiembre de 2018

      Cuando la burbuja inmobiliaria saltó por los aires en 2007, los culpables de la crisis económica se echaron encima de las personas más vulnerables para cobrarles la factura del desastre. El paisaje se volvió desolador: familias endeudadas, salarios incapaces de hacer frente a las hipotecas, bolsas de pobreza hasta entonces desconocidas, recortes en servicios públicos esenciales, un índice de desempleo desbocado y especialmente cruel entre la gente joven, y un mercado inmobiliario voraz y sin contrapesos como resultado de lustros sin políticas públicas de vivienda. Ese era el desierto en el que resonaban las voces, a las que debemos tanto, del 15M y de la Plataforma de Afectadas por la Hipoteca (PAH), cuya proposición de ley de emergencia habitacional se debate por fin este martes en el Congreso de los Diputados.

      Entre 1997 y 2007 se construyeron en el estado español 6,6 millones de viviendas y hoy el 14% están vacías. El alquiler social, que en la Unión Europea representa entre un 15% y un 18%, se reduce en nuestras villas y ciudades a un exiguo 2%. En A Coruña la situación dista mucho de ser mejor: tenemos más de 19.000 viviendas desocupadas, el 18% del total, luego de una década negra, la pasada, en la que crecieron un 12%, y el parque municipal con el que hacer frente a situaciones de emergencia consta apenas de 400 pisos. Conscientes de la situación, y en el marco de un paquete de medidas más amplio que comenzó con la aprobación del Plan de Acceso a un Hábitat Digno, en 2017 pusimos en marcha un programa pionero destinado a ampliar el parque municipal de vivienda y poner al servicio de las políticas sociales algunos de los pisos vacíos que tenemos en la ciudad. Mediante un concurso público al que se podía presentar cualquiera y a través de una comisión técnica encargada de valorar las ofertas, pretendíamos que el Ayuntamiento adquiriera viviendas a un precio reducido, por debajo del mercado, y las pusiera enseguida a disposición de las personas que las necesitaran.

      Como resultado del concurso, el Ayuntamiento compró seis viviendas. A alguien podrían parecerle pocas, y son, efectivamente, menos de las que nos habría gustado adquirir. Pero no son tan pocas si tenemos en cuenta que la mayor parte de las políticas públicas son progresivas y que nos preceden varios mandatos con pocos o nulos avances en este campo. Y no son insignificantes, tampoco, si las miramos con los ojos con los que miran día a día las trabajadores y los trabajadores de nuestros servicios sociales, que hoy mismo descentralizamos cumpliendo un nuevo compromiso: una vivienda es una familia, una noche sin frío, una alternativa a la calle, una oportunidad de futuro.

      Lamentablemente, hoy sabemos que el concurso fue francamente mejorable en su ejecución, que se cometieron errores en la valoración de los inmuebles y que el procedimiento no reunió las garantías suficientes. Los dictámenes del Consejo Consultivo de Galicia, que pusimos a disposición de todo el vecindario en la página web municipal la semana pasada, cuestionan seriamente los resultados del programa pero dejan intacta nuestra voluntad de ampliar el patrimonio público de vivienda. Por eso di instrucciones para que la Junta de Gobierno Local anulara dos de las adquisiciones y por eso le pedimos al Consultivo que llegue hasta el final y revise otras tres. Porque creo, y espero no equivocarme, que es preferible renunciar ahora a esas viviendas, a pesar del sacrificio que supone para quien las necesita, si eso sirve para sentar criterios jurídicos y técnicos más consistentes y precisos de cara al futuro.

      Cuando una persona se esfuerza y obra de buena fe pero no consigue aquello que se había comprometido a conseguir, debe reconocerlo, pedir perdón y aprender de lo sucecido para obtener mejores resultados la próxima vez. Un alcalde es una persona, alguien que asume durante un tiempo una función singular delante de sus vecinas y de sus vecinos y que se compromete a llevar adelante un programa de mejora de la vida en común. En esa medida, como alcalde y como persona, siento que el concurso público de compra de vivienda para fines sociales no estuviera a la altura de los objetivos que perseguíamos ni diese los resultados esperados. Asumo a la vez la responsabilidad y el compromiso de que no se repita, y quiero agradecer sinceramente el trabajo que hay detrás, tanto el del personal funcionario como el de la directora de la Asesoría Jurídica y el de los concejales de Rexeneración Urbana y Contratación.

      Este tropiezo, lo sabemos, tiene que servirnos para seguir avanzando en las políticas públicas de vivienda, tal y como venimos haciendo con la mejora de la ordenanza de rehabilitación y el incremento de las ayudas. Hay mucho por hacer, y en esa tarea está implicado todo el equipo de gobierno, puedo asegurarlo. Un alcalde puede equivocarse. Un alcalde puede reconocer un error. Un alcalde puede pedir perdón. Pero lo que no puede hacer un alcalde, lo que no puedo ni quiero hacer, es renunciar a aquello en lo que creo y que me trajo hasta aquí: pelear por una ciudad solidaria, acogedora y comprometida con el derecho a la vivienda.

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