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Castro de Elviña

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Vida cotidiana

Vida cotidiana

El día a día descrito por los foráneos

La primera cuestión que debemos resolver es dónde vivían los castreños. Para empezar, tenían diferenciado el espacio dedicado a la vivienda de los lugares de almacenamiento. Las vivendas más antiguas, que luego evolucionaron durante la época romana, eran de planta circular y sin divisiones internas, por lo que todos los componentes de la familia convivían en una única habitación. En estas casas la puerta es la única fuente de iluminación natural, y tenía en el centro un poste para sostener la cubierta donde se situaba la fuente de calor: el hogar o lareira.

En estas vivendas la iluminación es el único aspecto que diferencia los usos. Así, la zona más iluminada y visible desde el exterior se dedicaba a actividades comunes como cocinar o elaborar los útiles y los tejidos, y se reservaba la zona de semioscuridad para actividades más privadas, como dormir o mantener el ajuar doméstico. Las reducidas dimensiones de las viviendas parecen indicar que las familias no eran muy extensas y la ausencia de paredes medianeras indica que no existían espacios compartimentados, por lo que había un alto grado de cohesión entre los familiares y una nula privacidad.

La alimentación consistía en la frecuente y variada utilización de la harina, tanto de trigo como de mijo y cebada, como se comprueba por la gran cantidad de molinos encontrados en los distintos yacimientos. Se complementaba con el aprovechamiento de productos lácteos, huevos y toda clase de frutas, leguminosas y hortalizas. También comerían carne (ganado vacuno, cerdo, aves de corral...) y la procedente de especies cinegéticas y bellotas.

El consumo de muchas clases de pescados y mariscos está perfectamente documentado, principalmente en los concheros o vertederos de muchos castros.

Las bebidas se repartían entre el agua, la cerveza (de cebada, ya de tradición castreña), la leche y el vino, primero con la expansión del comercio y luego con la llegada de los romanos.

Regidos por un calendario solar y el decorrer de las estaciones, los indígenas irían adoptando las medidas romanas del tiempo: el calendario, desde los años hasta las horas del día, pasando por la división de los meses en tres partes: Kalendas, Nonas e Idus.

Para cuestiones de costumbres o ropas en el mundo castreño solo contamos con la descripción hecha por Estrabón de los galaicos, sin olvidar su considerable etnocentrismo:

"Todos los habitantes de la montaña llevan una vida sencilla, beben agua, duermen en el suelo y llevan el pelo largo como las mujeres. Pero en el combate ciñen en la frente una cinta. (...) Y practican peleas gimnásticas, hoplíticas e hípicas para el pugilato, la carrera, el lanzamiento de dardos y el combate. (...) Están escasos de vino y lo que consiguen lo gastan rapidamente en festín con las familias. En lugar de aceite emplean manteca. Toman sus comidas sentados, en bancos construidos alrededor de las paredes, situándose según la edad y la dignidad; la comida se va pasando en rueda. Mientras beben bailan en círculo al son de la flauta y la corneta y también saltando y arrodillándose. (...) Todos van vestidos de negro, la mayoría con sacos, con los que duermen en lechos de paja. Usan vasos de madera como los celtas. Las mujeres llevan vestidos y faldas con adornos florales. Los más alejados, en lugar de monedas, hacen trueque de especies o dan trozos de plata. A los condenados a muerte los despenan y a los parricidas los lapidan fuera de las regiones o de las ciudades. Se casan como los griegos. Los enfermos, como los egipcios en la antigüedad, son colocados en los caminos para ser curados por los que sufrieron una dolencia semejante. Usaban barcos de cuero antes de Bruto, por causa de las crecidas y bajadas de las mareas, pero agora hasta los barcos hechos de un tronco de árbol son raros.

(...) La mayoría del país lleva una vida miserable, no solo por la negligencia de sus habitantes y falta de preocupación, sino sobre todo por el salvaje deseo de sus instintos bestiales, si es que nadie piensa que viven bien los que se lavan con orina guardada de tiempo en tinas y que tanto los hombres como sus mujeres se lavan los dentes con él, como se dice de los Cántabros y de sus vecinos (...). Algunos dicen que los Gallaicos son ateos, pero que los Celtiberos y sus vecinos del norte veneran a un cierto dios en las noches de luna llena y toda la familia canta y baila durante la noche delante de sus casas."


 

Horario de verano

(1 de julio - 30 de septiembre)

Sábados y domingos a las 12.00 h

Jueves del mes de julio (excepto festivos) a las 20.30 h

Horario de invierno

(1 de octubre - 30 de junio)

Domingos a las 12:00 h

Contacto

Museo Arqueológico e Histórico Castillo de San Antón

981 189 850

Llamadas locales 010 / 981 184 278

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