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Coruña sin drogas

Ketamina

La Ketamina o especial k es un anestésico que se usa con fines médicos y en veterinaria. En la calle se puede encontrar como líquido, cristales, pastillas o cápsulas. Puede estar mezclada con otras sustancias (efedrina, cafeína...)

Sus efectos dependen de la composición, la dosis, el contexto en que se consuma y las características personales (peso, edad...). A dosis bajas, produce efectos similares a la borrachera por alcohol, con pérdida de coordinación y dificultades para hablar y pensar, visión borrosa, etc. A dosis altas puede provocar delirios, pseudoalucinaciones, pérdida de la noción del espacio y del tiempo y distorsión de la realidad.

Tiene un elevado riesgo de adicción y una rápida tolerancia. Su combinación con alcohol u otras drogas incrementa los riesgos de su consumo. La mezcla con psicoestimulantes y/o alucinógenos puede provocar una reacción impredecible y muy peligrosa.

GHB

El GHB es un potente depresor del sistema nervioso central que inicialmente puede producir sensación de bienestar y euforia. Es un líquido transparente que se consume por vía oral mezclado con agua, por lo que es difícil controlar la dosis consumida y ligeras variaciones en cantidad o pureza producen efectos muy diferentes.

Sus efectos varían mucho de una persona a otra, y se notan a los 10-20 minutos del consumo, duran de 60-90 minutos y desaparecen por completo a las 3-4 horas.

Aunque lo que se busca con su consumo es aumentar la sociabilidad y la capacidad de comunicación, puede aparecer somnolencia, dolor de cabeza, confusión... e incluso depresión respiratoria, ideas delirantes, alucinaciones y coma (sobre todo si se ha tomado alcohol simultáneamente). Produce síndrome de abstinencia (insomnio, temblores, sudoración, ansiedad...) si se suspende el consumo habitual.

Metanfetamina

La metanfetamina es una sustancia estimulante derivada de la anfetamina con efectos más potentes sobre el sistema nervioso; tiene un elevado poder adictivo.

Es un polvo blanco, cristalino, sin olor y con sabor amargo que se disuelve fácilmente en agua. Se le conoce como speed, meth y chalk, o bien hielo o crystal si se consume fumada. Se puede consumir por vía oral, inhalada, fumada o inyectada, lo que determina el tipo y la magnitud de los efectos que produce.

Provoca un aumento de la actividad, una disminución del apetito y una sensación de bienestar, a través de la liberación de grandes cantidades de dopamina en las áreas cerebrales relacionadas con el control de la actividad motora, el aprendizaje y el refuerzo. Inmediatamente después de ser fumada o inyectada por vía intravenosa se produce una sensación intensa de placer (flash) que dura sólo unos minutos.

La inhalación y la ingesta oral provocan efectos de menor intensidad, más duraderos y de aparición algo más tardía (de 3-5 minutos si se inhala, y de 15-20 minutos si se consume por vía oral).

Produce tolerancia con mucha rapidez debido a que sus efectos placenteros son de corta duración, aunque su eliminación de la sangre es bastante lenta (12 horas). Al intentar mantener este efecto con el uso de dosis repetidas, se potencia su toxicidad y el riesgo de sobredosis.

Otros riesgos añadidos son los derivados del consumo por vía inyectada, ya sea por la aparición de flebitis o abscesos cutáneos o por la posibilidad de contagio de enfermedades infecciosas si se utiliza el material sin higiene y/o se comparte.

  • Algunos efectos a corto plazo: aumento de la atención, reducción del cansancio, reducción del apetito, sensación de euforia, aumento de la frecuencia cardiaca, hipertermia (golpe de calor), convulsiones, aumento de la libido, trastornos paranoides, reacción aguda por plomo usado como reactivo (vía intravenosa)...
  • Algunos efectos a largo plazo: adicción, insomnio, anorexia, disminución de la libido, comportamiento violento, accidentes cardiovasculares, psicosis, alucinaciones auditivas y visuales...

Éxtasis

El éxtasis es la droga de síntesis más consumida en España; se trata de una droga sintética, químicamente similar a la metanfetamina (estimulante) y a la mescalina (alucinógena), aunque sus efectos no son exactamente la suma de ambas.

Se ingiere por vía oral, generalmente en forma de pastilla, tableta o cápsula, que suelen llevar dibujos impresos que facilitan su reconocimiento por los consumidores y que, además, dan lugar a una auténtica jerga: love, delfines, pirulas, pastis...

En los últimos años, se ha detectado la aparición de una nueva forma de presentación del éxtasis en sales cristalizadas llamada cristal (no confundir con el crystal, que es metanfetamina cristalina) que se presenta en forma de polvo o pequeña roca y se consume preferentemente por vía oral, introduciéndolo en cápsulas o en un trozo de papel de fumar (bombitas), aunque también puede consumirse fumada, inhalada o inyectarse.

Las pastillas se absorben en el aparato digestivo, desde donde pasan al torrente sanguíneo; sus efectos empiezan a sentirse a la media hora y duran entre dos y tres horas. El éxtasis afecta al metabolismo del organismo, dificultando su propio proceso de eliminación, por lo que al ingerir nuevas dosis de MDMA para mantener los efectos buscado, pueden producirse concentraciones muy elevadas en sangre y agravar sus efectos tóxicos.

En el cerebro incrementa la actividad de ciertos neurotransmisores, como la serotonina (que regula el estado de ánimo, el sueño, las emociones y el apetito), la dopamina (responsable del sistema de gratificación cerebral y, por tanto, de los efectos placenteros de las drogas) y la norepinefrina (potente estimulante cerebral y cardiaco)

El éxtasis provoca en primer lugar una ligera ansiedad, aumento de la presión arterial, aceleración del ritmo cardiaco y contracción de los músculos de la mandíbula; la piel se humedece y la boca se seca. Aparece después una ligera euforia, una sensación de bienestar y de placer que se acompaña de relajación, un mayor desarrollo de los sentidos y la sensación de comprender y aceptar a los demás (empatía).

El consumo de éxtasis provoca la deshidratación del organismo, de ahí la necesidad de mantener una hidratación adecuada, sobre todo si el consumidor se encuentra en un ambiente cargado y realiza un esfuerzo físico intenso. Durante años se divulgó la idea de que las personas que consumían esta droga se abstenían del consumo de otras, limitándose a acompañar las pastillas con grandes cantidades de agua. Esta conducta pudo ser cierta en los primeros momentos de uso, pero desapareció a medida que el consumo se popularizó; hay diversos estudios que demuestran cómo los consumidores de éxtasis tienen un perfil psicoactivo alto, entendiendo por tal el hábito de consumir de manera combinada diversas sustancias, entre las que el alcohol, el tabaco, el cannabis y, en menor frecuencia, la cocaína, están presentes.

Un consumo regular y frecuente provoca en algunas personas adelgazamiento y debilidad; el humor se vuelve inestable, llegando a provocar comportamientos agresivos. Esta forma de consumo puede revelar o provocar trastornos psíquicos serios y duraderos.

Los riesgos parecen aumentar según la dosis consumida, la composición del producto y la vulnerabilidad del usuario. Interacciona con la aspirina, algunos medicamentos contra el VIH y algunos antidepresivos.

El consumo de éxtasis es especialmente peligroso para personas que sufren trastornos del ritmo cardíaco, asma, epilepsia, problemas renales, diabetes, astenia y problemas psicológicos.

La asociación del éxtasis a una gran actividad física, como bailar durante horas, puede dar lugar al golpe de calor, que consiste en un aumento de la temperatura corporal que puede provocar un fallo renal.

Los usuarios crónicos de éxtasis sufren daño en los procesos de atención, concentración y abstracción, pérdida de memoria, disminución del deseo sexual, pérdida de apetito y una mayor frecuencia de alteraciones psiquiátricas como ansiedad, depresión, sintomatología obsesiva, ideación paranoide o trastornos del sueño. Hay estudios que sugieren la posibilidad de que estos efectos no deseados, que no desaparecen con períodos de abstinencia prolongados, ocurran tanto en casos de consumo habitual como de consumo esporádico.

El éxtasis, como el resto de las drogas, produce tolerancia, dependencia y síndrome de abstinencia

PCP

El PCP o polvo de ángel es un polvo blanco y cristalino que se disuelve fácilmente en agua o alcohol; es de sabor amargo y puede mezclarse con facilidad con colorantes.

Se presenta en forma de tabletas, cápsulas y polvos de colores y se consume inhalada, fumada o por vía oral.

Se utilizó en los años 50 como anestésico intravenoso, pero dejó de usarse debido a sus efectos secundarios (agitación, delirios, etc.).

El PCP afecta al funcionamiento cerebral, bloqueando la capacidad de concentración y de pensamiento lógico, y alterando la percepción, los pensamientos y el estado de ánimo. Algunos consumidores experimentan euforia en diferentes grados, mientras que otros sienten ansiedad o pánico.

Su consumo habitual produce trastornos emocionales, pérdida de memoria, dificultad para hablar y pensar, síntomas depresivos y pérdida de peso, que pueden persistir hasta un año después de suspender su uso.

Potencia el efecto de otros depresores del sistema nervioso central, como el alcohol o las benzodiazepinas, pudiendo poner el peligro la vida.

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